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01 agosto, 2016

Crítica "La casa de las bellas durmientes" de Yasunari Kawabata


Título:
La casa de las bellas durmientes
Autor: Yasunari Kawabata
ISBN: 978-84-96580-79-4
Páginas: 128
Me imagino al viejo Yasunari, a sus 63 años recién cumplidos, viendo publicada su novela número diez, Nemeru Bijo o La casa de las bellas durmientes, con esa mirada perdida vestida de nostalgia que se cuela a través del humo que poco a poco consume un cigarro atrapado entre sus dedos de escritor. Me lo imagino así porque La casa de las bellas durmientes tiene un toque de balance de vida, de mirada hacia atrás en ese punto de la existencia donde intuyes que no queda mucho futuro por vivir.

Hay mucho de autobiográfico en esta obra de Yasunari Kawabata (14 de junio 1899, Osaka-Japón-16 abril 1972, Zushi-Japón). Sin ser su obra más notable (gozaron de más fama País de nieve o La bailarina de Izu, por ejemplo), La casa de las bellas durmientes fue dada a conocer gracias a unas declaraciones de Gabriel García Márquez en las que dijo que era la única obra japonesa que le hubiera gustado escribir. La leyó veinte años después de haber sido publicada, y sirvió de inspiración, no solo para su obra Memoria de mis putas tristes (2004) sino también para encontrar ciertas pistas sobre el comportamiento sexual en los ancianos a la hora de escribir El amor en lostiempos del cólera (1985) e incluso para su pequeño cuento El avión de la bella durmiente (leer aquí) incluido en su obra Doce cuentos peregrinos (1992), y en el cual hace clara referencia a la obra de Yasunari.

También sirvió de inspiración a una película australiana del año 2011, Sleeping Beauty, escrita y dirigida por Julia Leigh, que al parecer pasó con mucha más pena que gloria por algunos festivales como Cannes o Sitges.

Sinopsis:
Yasunari Kawabata (foto de Google Images)

El viejo Eguchi, a través de su amigo Kiga, conoce de la existencia de una casa donde acudir a yacer al lado de mujeres jóvenes y vírgenes, que están profundamente dormidas gracias a una droga que les suministra la mujer que regenta la casa. Eguchi acude allí en cinco ocasiones a lo largo de la obra, siempre para dormir al lado de una chica diferente cada noche, salvo en el último capítulo en cuyo caso duerme con dos a la vez. Seis chicas a las cuales Eguchi “no debía hacer nada de mal gusto”, según las normas impuestas por la señora que regenta la posada.

La casa de las bellas durmientes yo lo percibo como un libro críptico, que nos habla más del autor de lo que pudiera parecer. La edad del anciano Eguchi (67 años), está muy próxima a la del autor cuando publica la obra (62). El escritor padecía de un insomnio crónico por lo que es probable que ese personaje que acude cada noche a dormir profundamente al lado de una chica joven de piel cálida, pueda ser una expresión literaria de sus propios deseos. Incluso, en el capítulo final, uno de los recuerdos que le asalta es el de la muerte de su madre, que muere de tuberculosis. El padre (no la madre) de Kawabata, muere de tuberculosis. Yo, como no creo en las casualidades, veo similitudes, y las hay, no me cabe la menor duda.

Luego está lo otro, lo referente a de qué nos habla Yasunari en su libro. Cada chica tiene algo, un labio que tiñe, una piel que roza, olores distintos, sobre todo olores. Todo en el libro es sensación, sensualidad, sexualidad. A través de esas sensaciones hay conexiones con recuerdos y vivencias, cuentas pendientes, caminos no recorridos, quién sabe si por miedo a no haberlos recorrido, lo cual es el germen mismo del arrepentimiento. Todos estos miedos son los que juegan en contra del sueño plácido, porque dormir, para quien tiene cuentas pendientes, es enfrentarse a los miedos:

…”la noche ofrece sapos, perros negros y cadáveres de ahogados”. Era un verso que Eguchi no podía olvidar. Al recordarlo ahora se preguntó si la mujer dormida –no, narcotizada- de la habitación contigua podría ser como el cadáver de un ahogado, y vaciló un poco en acudir a su lado…

El estilo de escritura de Yasunari es diáfano, un estilo poco recargado pero que a su vez deja rastros pleno de sensaciones en el lector. Esto lo logra a través de su carácter descriptivo y también desde ese establecimiento de conexiones imagen-recuerdo-sentido. Hay imágenes que siempre están presentes, en cada capítulo sin excepción, como para no dejar escapar al lector de esas cuatro paredes: el color y la luz de las cortinas que tiñen de rojo la habitación no es casual, se trata de una permanente conexión con la muerte. El té, que muchas veces toma reposado, algo frío, para luego entrar en calor con la manta eléctrica, salvo en el último capítulo que lo toma caliente (tampoco es casual), y ese romper olas contra el acantilado, que golpean tanto más fuerte cuanto más fuerte late su corazón y el de las chicas cuando se agitan en su sueño. La secuencia de capítulos es secuencia de vida, desde los recuerdos de olor a leche que le trae la primera de las chicas al recuerdo de la muerte de su madre en el último de los capítulos. En medio, la boda de su hija o los recuerdos de sus infidelidades. Un juicio a su vida en toda regla.

Por eso cala tanto su escritura y nos invita a acudir con él cada noche, a la casa de las bellas durmientes, a intentar conciliar el sueño.

Crítica: +Miguel Angel Brito 

30 junio, 2016

Crítica: "Los besos en el pan" de Almudena Grandes

Contra la crisis, más barrio
Son muchos los seguidores de la obra de Almudena Grandes (Madrid, 1960), que esperaban ansiosos una nueva entrega de los Episodios de una guerra interminable, y que se han llevado un sorpresa con la publicación de Los besos en el pan, una historia de rabiosa actualidad, con un atractivo título, que hace referencia a los años del hambre en la posguerra.
  • Editorial: TUSQUETS EDITORES
  • ISBN: 9788490661918
  • Nº de páginas: 336 págs.
En un contexto de crisis y desigualdad que afecta a la sociedad española, en particular a sus clases medias y bajas, no ha dejado la autora, siempre comprometida en sus columnas de prensa y radio, ceder al desafío de novelar la situación crítica que está tolerando el país. Un barrio de Madrid, un barrio como tantos otros de cualquier ciudad española, sirve de escenario para situar la acción. Los vecinos de este barrio sufren y conviven con hechos y enredos cotidianos bien conocidos por el lector, ya que se trata de historias muy cercanas.
Estos vecinos, por supuesto, enterados de la situación económica que atravesaba el mundo occidental, y en particular su país, no fueron, sin embargo, conscientes de que ellos también podían verse agredidos en su día a día por la crisis. Será por el temperamento optimista y por un cierto grado de indolencia del español, el caso es que no fueron capaces de intuir que en un futuro cercano, podían verse afectados.

La culpable de tantas apreturas es la casa con jardín que se compraron en la costa hace tres años, cuando la crisis parecía un anuncio de una película de catástrofes y el director de la sucursal bancaria les ofrecía una hipoteca sin límites, os doy un poco más para la obra, ponemos otro poco más para los muebles, ¿y el seguro?, ¿y la alarma?, ¿y una piscina no vais a hacer? Pero les hacía tanta ilusión…
Una vez disfrutadas las vacaciones estivales, a primeros de septiembre, el barrio recupera su actividad habitual; sin embargo, varios de sus vecinos reciben noticias intranquilizadoras, noticias de posibles cierres patronales, de posibles reestructuraciones, de posibles eres o de posibles bajadas de sueldo, noticias que generan preocupaciones, y entonces sí, entonces empiezan a ser conscientes del impacto que la crisis puede ocasionarles. 
El barrio, como centro neurálgico de vivencias y actividades, también se ve afectado; en mayor o menor medida, sus vecinos se sienten agredidos por

01 junio, 2016

Crítica "La víspera de casi todo" de Víctor del Árbol

"No solía nevar tan cerca del mar. Pero aquella nevada de diez años atrás fue antológica. Los niños y los adultos de Punta Caliente amontonaban la nieve recién caída como si quisieran acapararla para llevársela a casa".


Fue entonces, hace diez años, cuando cayó aquella terrible nevada a orillas del mar, cuando tal vez empezó todo. O empezó una parte. O quizás fue antes, en los años cincuenta, cuando una pareja argentina emigró a Alemania. O años después, cuando volvió de nuevo a la Argentina para encontrarse con la traición y el destino.

No lo sabemos, pero para el inspector Germinal Ibarra todo pudo haber comenzado en Málaga en el verano de 2007, cuando tuvo que investigar la desaparición de Amanda, una niña de diez años a la que terminó por encontrar muerta y violada y cuando, preso de la rabia y la impotencia, mató a su asesino a golpes de pistola
 "Sacó la Beretta y golpeó con la culata al hombrecillo en la cabeza. Una, dos, tres, cinco veces consecutivas… pero la rabia no aflojaba. Así que siguió golpeándolo una y otra vez, con saña, como si se tratara de una venganza. No pensaba ya en esa niña asesinada. Pensaba en otro niño, en otro lugar y en otro tiempo. Un tiempo lejano pero que lo atormentaba cada día de su vida". 

Pudo haber comenzado entonces, pero en realidad empezó mucho antes, en un bosque gallego cuando el ahora inspector no era más que un niño, también de diez años, también asesinado y herido y renacido del dolor para volver a recaer en él tantos años después.

Para Germinal Ibarra todo pudo terminar esta madrugada del 20 de agosto de 2010 en que, como tantas otras noches, 
"abre la boca y abraza el estremecimiento que provoca el metal al entrar en contacto con la lengua. Muerde el cañón para que no tiemble e inclina la mano que sujeta el arma. Un disparo, un fulgor y el fundido al negro".

Pero, también ésta, como todas las noches, acaba por soltar la pistola e increparse a sí mismo su cobardía.

Ahora Germinal Ibarra lleva tres años en una comisaría de A Coruña a donde pidió el traslado tras el caso de Amanda.



Faro de Punta Nariga. Costa da Morte 
La novela sigue una técnica similar a la de otra que reseñé hace poco, "La luz que no puedes ver" de Anthony Doerr. En unos capítulos se va narrando el presente que transcurre todo en una noche, la del 20 de agosto de 2010. En otros, se cuentan unos hechos que comenzaron tres meses antes, a principios de junio en Punta Caliente, un pueblo de la Costa da morte, y que, poco a poco, irán avanzando hasta llegar al amanecer de dicho viernes 20 de agosto. La distribución de dichos capítulos es aquí más aleatoria que en la novela de Doerr donde se alternaban rigurosamente.

Los acontecimientos de Junio nada tienen que ver, en apariencia, con

01 mayo, 2016

Reseña de "La habitación oscura" de Isaac Rosa

Título: La habitación oscura
Autor: Isaac Rosa
Editorial: SEIX BARRAL
ISBN: 9788432215728
Páginas: 256
Así, a vuela pluma, nada más concluir la lectura de La habitación oscura de Isaac Rosa mis impresiones sobre la misma son extrañas:
 ¿Ante qué estamos? 
¿Qué es lo que acabo de leer: un ensayo novelado sobre crisis de todo tipo? 
¿Un conjunto de artículos periodísticos a propósito de la crisis económica engarzados unos con otros aprovechando una leve trama argumental?¿Qué intención tiene el autor, qué intenta transmitirnos? 

A ver si escribiendo saco algo en claro.

Sinopsis:
Un grupo de amigos jóvenes deciden,  por un hecho casual (un apagón), dedicar  una sala del sótano de la casa que tienen alquilada a habitación oscura en la que el silencio y la falta de luz tamizarán los encuentros que entre ellos pueda haber, realizados  siempre en un clima de alegría, absoluta libertad y ninguna coacción. Durante 15 años mantendrán esta pieza acondicionada, y a cuya función primera de puro divertimento y desahogo sexual, se irán añadiendo otras: la principal, servir  de  refugio de las insatisfacciones diarias, escapar del tiempo. Ya no sólo será el sábado, "el día en que casi nadie faltaba a la cita", sino que, individualmente o no, otros días de la semana la sala servirá a los partícipes de cobijo de sus fracasos, sus esfuerzos, los desencuentros personales con sus parejas, hijos o padres. Las  nuevas funcionalidades de la habitación oscura vienen dadas en gran medida por la transformación en las condiciones socio-económicas que la estable vida de estos jóvenes conoce a lo largo de unos años durante los cuales cambiará radicalmente su percepción sobre el mundo, sobre los otros y sobre ellos mismos.
Durante el período de funcionamiento de la habitación oscura habrá emparejamientos, separaciones, relaciones en conflicto, soledades elegidas…, en fin, todo lo que suele acaecer en la vida normal de cualquier grupo humano. Todo se sostendrá hasta que de fuera vengan elementos a perturbar la tranquilidad del grupo.

Comentario:
La novela se estructura en 8 capítulos entre los cuales se sitúan 7 breves secuencias de dos o tres páginas con el orientativo título cada una de ellas de “REC”. Estas breves secuencias ponen de manifiesto desde el primer momento la importancia que el mundo de la tecnología informática tiene en el relato general.

Toda la acción sucede durante una tarde de sábado, la última de existencia de esta habitación. Vemos al grupo de jóvenes aguardando la llegada de alguien; es una espera tranquila y al mismo tiempo temerosa. El narrador interno deja manifiesta su impersonalidad o dilución en el grupo a través del empleo de la primera persona del plural que alterna con la segunda del singular, ambas con un claro sentido generalizador. Abunda en este sentido impersonal el empleo indistinto del femenino o masculino con lo que el autor nos hace dudar constantemente sobre la identidad de quien está relatando. Yo creo que Isaac Rosa quiere

01 abril, 2016

Reseña "Matar a un ruiseñor" de Harper Lee


No hay mejor manera de honrar a los escritores que leer su obra. De este año no podía pasar que no leyese “Matar a un ruiseñor”. Harper Lee, su autora, moría hace poco más de un mes mientras dormía plácidamente en una residencia de ancianos en su Monroeville natal (Alabama), a las puertas de cumplir los 90 años.

Harper Lee escribió “Matar a un ruiseñor”, recibió por él el premio Pullitzer en 1961 y aquí se acabó su historia como escritora. Sin embargo este libro nació para instalarse para siempre en la memoria de los lectores y en historia de la literatura universal, siendo obligada lectura para los jóvenes norteamericanos en sus institutos.

La historia de cómo surgió es a su vez una historia en sí. Al principio he dicho que Matar a un ruiseñor fue su única obra, y realmente no es así. En verano de 2015 se publicó una segunda obra “Ve y pon un centinela”, que realmente fue la edición de un manuscrito que fue su primera obra, escrita algunos años antes de escribir Matar a un ruiseñor. Harper Lee intentó en vano que publicaran esta primera obra. Muchas fueron las editoriales que le dijeron no, hasta que llamó a la puerta de una pequeña editorial llamada Lipincott que mostró interés aunque con reservas, pidiéndole a Lee que reescribiera gran parte de la obra, para lo cual le asignaron a la editora Tay Hohoff para que la ayudara en el proceso.

En “Ve y pon un centinela”, la historia se centra en el encuentro de Scout con su padre Atticus Finch, veinte años después de los sucesos que se narran en “Matar a un ruiseñor”. Estos sucesos eran resumidos en ese libro en tan sólo un capítulo, sin embargo Tay Hohoff le dijo a Lee, con aquella voz grave de fumadora crónica, que esa era la historia, que tenía mucha potencia y que debía hacerla crecer más allá de un simple capítulo. Así nace “Matar a un ruiseñor”, desde el embrión de un capítulo y gracias a un trabajo que se prolongó durante casi tres años de escritura.


Tay Hohoff, editora en Lipincott, tuvo mucho que ver
en el nacimiento de "Matar a un ruiseñor"
(Foto extraída de Google Images)
“Matar a un ruiseñor” está estructurada en 31 capítulos distribuidos en dos partes, la primera parte conteniendo 11 y el resto (20) en la segunda parte. Después de leerlo me quedo, más allá de la historia, con los personajes y el narrador. El narrador es de diez, a la altura de otro caso extraño en la literatura, el de JD Salinger y el personaje que creó para El Guardián entre el centeno: aquel Holden Caulfield es una voz robusta, aunque en otro registro que nada tiene que ver, por supuesto, con la inocente Jean Louise Finch (Scout) de "Matar a un ruiseñor", pero al fin de cuentas, comparte esa potencia de voz narrativa tan inolvidable.

Cuenta la historia que la decisión de un narrador en primera persona y testigo fue una sugerencia de la editora Tay Hohoff. No sé si será cierto o no, pero lo que está claro es que fue un acierto viniera de donde viniera la idea. (si tienen curiosidad leer artículo en NewYorkTimes aquí). Sólo desde la inocencia de los ojos de una niña de ocho años, sólo desde su mirada idealista, se podía limpiar de moralina (como le gusta decir a una buena amiga mía) esta historia de racismo, injusticia y derechos sociales. Un narrador en tercera persona hubiera hecho esta novela un tanto insoportable de leer. El tono se mantiene firme, sin desbalances durante toda la obra y me tuvo enganchado a la trama de principio a fin, a pesar de las múltiples escenas, aparentemente irrelevantes, pero que necesariamente debían ser contadas para dotar de claridad al escenario, porque los paisajes y gentes de Maycomb son un personaje más que necesitaba ser muy bien retratado y sin el que difícilmente hubiéramos podido anclarnos a la trama.

La escritora Harper Lee con su gran amigo Truman Capote
que sirvió de inspiración para uno de los personajes,
el pequeño Dill.
(Foto extraída de Google Images)
En cuanto a los personajes, están muy bien retratados, sobre todo el abogado Atticus Finch, que comparte protagonismo con la pequeña Scout. Se podría decir que se trata de un bueno-bueno, sin aristas, un héroe de manual: padre de dos niños huérfanos de madre, de gran integridad moral, luchando contra viento y marea por los derechos civiles, defendiendo a un negro acusado de violar a una mujer blanca seguro de llevar todas las de perder,… Sin embargo, este bueno-bueno se hace necesario (sobre todo puesto en el contexto de la época en que fue escrita la novela) y no podía ser de otra manera, al fin y al cabo, está visto por los admirados ojos de su hija. Además, es el vehículo del que se vale la autora para ejercer ese contraste entre la justicia y la injusticia que hace que se instale en las entrañas del lector ese desánimo de

28 marzo, 2016

Reseña: "Matar a un ruiseñor" de Harper Lee:

     “La única cosa que no se rige por la regla de la mayoría es la conciencia de uno”.

La acción de “Matar a un ruiseñor” se sitúa en el pueblo imaginario de Maycomb, en Alabama. Allí vive la narradora, la pequeña Scout Finch junto a su padre, Atticus, un abogado viudo, y su hermano mayor Jem. Durante
Editorial: Ediciones B
ISBN: 9788490701218
Páginas: 410
los veranos los niños jugarán con otro amigo, Dill, que reside con su tía. Los chicos se sentirán atraídos e hipnotizados por un vecino, Boo Radley, al que no consiguen ver y del que sólo conocen rumores ya que los adultos se niegan a comentar sobre él. Éste vigilará a los niños y se hará presente ante ellos a través de curiosos regalos que les dejará en el interior de un árbol.

El padre intenta educar a sus hijos según unas pautas y valores de dignidad, decencia e igualdad que chocan con la sociedad del momento

“Cuando nos regaló los rifles de aire comprimido, Atticus no quiso enseñarnos a disparar. El tío Jack nos instruyó… Atticus le dijo un día a Jem: Preferiría que disparaseis contra botes vacíos en el patio trasero, pero sé que perseguiréis a los pájaros. Matad todos los arrendajos azules que queráis, si podéis darles, pero recordad que matar un ruiseñor es pecado”.

Atticus acepta defender como abogado a un negro, Tom, al que se acusa de violación de una mujer blanca. Toda la sociedad les da la espalda mostrando “la enfermedad de Maycomb, que personas razonables se pongan a delirar en cuanto surge algo relacionado con un negro”.

Consigue probar la inocencia de Tom pero el jurado compuesto sólo de blancos lo declara culpable

“Atticus había empleado todas las armas de que disponía
Portada 1ª edición
un hombre libre para salvar a Tom Robinson, pero en los tribunales secretos de los corazones de los hombres, Atticus no tenía ninguna posibilidad”.

La población negra sabe que era un caso imposible y que Atticus ha hecho todo lo que estaba en sus manos y así lo hace patente ante los niños

“Miré alrededor… los negros se ponían en pie. La voz del reverendo Sykes sonaba tan distante como la del juez Taylor.-Señorita Jean Louise, póngase en pie. Pasa su padre.”

Los niños no comprenden que ante la genial defensa de su padre, se pierda el juicio

“Ahora le tocó a Jem el turno de llorar…-¿Cómo han podido hacerlo, cómo han podido?-No lo sé, pero lo han hecho. Lo habían hecho en ocasiones anteriores, lo han hecho esta noche y lo harán de nuevo, y cuando lo hacen… parece que sólo lloran los niños”.

Tom, aunque ha sido informado de que se apelará la sentencia, sabiendo que terminarán matándolo, decide huir y es asesinado.

Bob Ewell, el padre de la chica que supuestamente fue violada, no olvida la humillación que sintieron él y su hija ante toda la ciudad y decide vengarse de todos aquellos que tuvieron algo que ver, escupe públicamente a Atticus, intimida a la viuda de Tom, entra en la casa del juez y por último ataca de noche a Jem y Scout cuando vuelven hacia su casa. Los chicos son ayudados y rescatados por un personaje misterioso que resulta ser Boo Radley.

El sheriff encuentra muerto a Bob Ewell con un cuchillo en el pecho. Atticus piensa que lo ha matado Jem y no concibe el ocultarlo porque no quiere que su hijo inicie su vida con algo tan terrible sobre sus hombros. El sheriff lo
Mural de Monroeville
convence de que con el tamaño del niño y un brazo roto habría sido imposible que lo matara, que Ewell cayó y se clavó el cuchillo y que no piensa comunicar a la ciudad que Boo ayudó porque sería un pecado exponerlo ante la gente

“Soy el sheriff de Maycomb… Sé todo lo que ha pasado aquí desde que nací. Un muchacho negro ha muerto sin merecérselo, y el responsable de ello ha fallecido también. Deje que los muertos entierren a los muertos esta vez, señor Finch”.

La novela centra su trama en

03 marzo, 2016

Reseña "La muerte juega a los dados" de Clara Obligado

Así es la vida

Abro la ventana del hotel. El cielo se ha puesto azul turquesa y empiezan a encenderse las luces. Me encanta Buenos Aires de noche. Cada luz es una ventana, cada ventana una vida”

  • Nº de páginas: 232 págs.
  • Editorial: PAGINAS DE ESPUMA
  • Lengua: CASTELLANO
  • ISBN: 9788483931806
La muerte juega a los dados es un libro de cuentos, dieciocho cuentos engarzados a modo de puzle por un fino hilo conductor, las vivencias de tres generaciones de los Lejárrega, un siglo en la vida de una saga familiar de la alta burguesía bonaerense.

ClaraObligado (1950), nacida en Buenos Aires, y exiliada en España en el año 1976 a causa del terror de la dictadura militar argentina, plantea al principio del libro, la posibilidad de leer los cuentos de forma aleatoria, sin respetar la estructura programada, apunte que incita a pensar en Rayuela.

Efectivamente, el orden de la lectura, en este caso, no tiene por qué influir en las sensaciones finales, en las emociones de los recuerdos, de los sueños, de los fantasmas, de los secretos, de la memoria, en definitiva, de la historia personal que se cuenta. Si aceptamos la premisa de leer desordenadamente los cuentos, también podemos hacer el ejercicio de escoger una página al azar, de saborear la belleza del lenguaje, un lenguaje sencillo, y a la vez muy rico. El lector no puede compartir las palabras de Leonora: “las cosas bellas nunca sirven para nada”

Los cuentos son como los ingredientes de una ensalada, una ensalada que fusiona sabores y aromas, texturas y matices, y que, como afirma la autora en la pequeña introducción, tiene mucho de mestizaje, mezcla relatos de diferentes estilos, mezcla el idioma, hay castellano español, castellano argentino, castellano mexicano, la voz depende del lugar donde se desarrolla el cuento. A esta riqueza lingüística y de géneros narrativos, hay que añadir también, la precisión de los retratos psicológicos de los personajes y

01 noviembre, 2015

Reseña II "Así empieza lo malo" de Javier Marías

Así empieza lo malo. Javier Marías
Alfaguara 2014, (Penguin Randon House Grupo editorial S. A. U.)


«(…) el mundo depende de sus relatores y también de los que oyen el cuento y lo condicionan a veces (…)».

Siempre que publico una reseña de un libro, me hago la misma ristra de preguntas, hasta dónde debo desvelar su argumento, hasta dónde doy pistas de su contenido, cuánto puedo revelar de la trama para que quien se acerque a la obra después de leer mi reseña no pierda la sorpresa, y, al mismo tiempo, no se sienta confundido o, peor aún, engañado.
Portada de la primera edición (2014)
Sin embargo, cuando se escribe para abrir el diálogo en un club de lectura, donde se supone que todos o la inmensa mayoría hemos leído la novela, parece que la cuestión tiene menos importancia… Pero sólo es pura apariencia, porque no siempre todo el mundo ha leído y quizá no sólo accedan a estas líneas los miembros de este Club.
No obstante en el caso de las novelas de Javier Marías, el asunto quizá adquiera un menor relieve, porque su obra se caracteriza por la tenue levedad de la trama, apenas cuatro pinceladas sobre las que teje su escritura que es lo importante. Y aún así, también en sus novelas hay sorpresa, hay giro inesperado, desenlace que no conviene proclamar, porque sería como decir en una novela de misterio que el asesino es el mayordomo, si es que el escritor descubre al homicida en las últimas páginas de su historia.
Creo, siempre lo he creído, que lo importante de la obra de Marías —y este caso no iba a ser menos, aunque no es tan obvio como en otras novelas— no anida, tanto en los hechos que narra, sino en cómo los narra.
Cuando acabé la lectura de esta novela, allá por los principios del último agosto, en mi diario dejé anotados estos dos párrafos:
«“Así empieza lo malo” (primer hemistiquio de un hermosísimo alejandrino shakesperiano: “Así empieza lo malo, lo peor queda atrás”) es una novela que —acaso siguiendo la senda de “Los enamoramientos”— es menos Marías que otras, y sin embargo no deja de serlo. Uno no puede saber si esta tendencia a cierto alivio en la densidad de sus letras, esta tendencia a hacer un poco más vigorosa la trama en sus libros, se debe a una lógica evolución de su autor, a cierto cansancio en su modo más tradicional de escritura, a un modo de plegarse a los intereses editoriales.
«A pesar de ser ésta una historia menos densa que otras, una historia donde suceden o, mejor dicho, se cuentan más cosas, es inconfundible la prosa del madrileño, su sello personal e intransferible, sobre todo el ritmo poético de su fraseo, la mirada lenta y detallada sobre cada minuto y cada persona, su deseo de avanzar, después de haber ahondado; este libro alberga una historia en la que el autor reflexiona no sólo acerca del deseo, como afirma la crítica, al menos la que he leído, sino también del rencor, del olvido, del perdón, del modo de asumir los agravios y daños causados por otros, para evitar que continúe la espiral del odio, para conseguir que la convivencia no sea una tortura o no sea la victoria del fuerte sobre el débil. »
El narrador inicia la novela con una reflexión que se debería tener muy presente durante toda su lectura: la referencia a un pasado que, a su vez, se remonta a otro tiempo más

01 mayo, 2015

Crítica "Homer y Langley" de Edgar Lawrence Doctorow

diógenes, Homer y Langley.
  • Título: Homer y Langley.
  • Autor: Edgar Lawrence Doctorow
  • Nº de páginas: 208 págs.
  • Editorial: MISCELANEA EDITORIAL
  • ISBN: 9788493722876
Los hermanos Collyer, Homer y Langley, fueron dos hermanos estadounidenses de familia acomodada, que se hicieron famosos por su carácter excéntrico y el acaparamiento compulsivo de objetos desechados.

Vivieron en New York hasta 1947 y fueron acumuladores compulsivos, llegando a juntar casi 200 toneladas de diverso material en su casa de 4 pisos en el cruce entre la Quinta Avenida y la calle 128 en Harlem, Manhattan. A partir de su historia el escritor Edgar Lawrence Doctorow trata de novelar su vida.

Doctorow edifica su novela "Homer y Langley" en torno a la vivienda de los hermanos. La vivienda es el núcleo. Escrita en primera persona, es el hermano menor, Homer, quien nos adentra en la casa y en sus vidas. Las páginas de la novela son una sucesión de personas que aparecen y desaparecerán de la casa. Desaparece todo el personal del servicio: mueren, se marchan, son despedidos; y aparecen muchos más personajes que se suben al imán de la casa: un mafioso, jóvenes hippies, estudiantes de música, prostitutas... Aparentemente es una sucesión de personas, pero es la vida transcurriendo.

Foto interior de la casa de los hermanos Collyer.
Acumularon aproximadamente 190.000 periódicos
Doctorow nos lleva de la mano, muy despacio y sutilmente por la degradación paulatina de la casa, de la cordura y de la vida de los hermanos. Aunque el lector desde casi el primer momento entiende la enajenación que sufre el hermano mayor (Langley), por momentos le genera dudas por la brillantez de alguno de sus razonamientos. Al final también se plantea la cordura del hermano menor, dependiente del primero a causa de su ceguera.

El autor ha conseguido transformar una historia de vergüenza y mofa en una historia íntima y respetuosa que le ha dado algo de dignidad a sus protagonistas, tratando de buscarle una explicación a ¿qué les hizo convertirse en lo que se convirtieron?

Hay que reconocerle al autor como se ha puesto en la piel de una persona invidente. Nos enseña con sus letras, cómo ve un ciego. Y lo más complejo, cómo siente y se “apaña” para vivir el día a día. Detalles como que camina y le puede pisar los talones al que va delante, es sinónimo de observación o de mucha documentación. También nos hace interesantes descripciones de los personajes y de algunos escenarios sin caer en la recreación. Algo que podía suceder al estar escrita la novela desde la perspectiva de un ciego.

El día que las autoridades entraron en su casa de 4 pisos
en el cruce entre la 
Quinta Avenida y la calle 128
en 
HarlemManhattan. 
El autor también se ha documentado o domina muy bien otras materias como música y reflexión filosófica. En música para edificar a Homer (era casi toda su vida) y en reflexión filosófica, incluso en arte, para crear un personaje complejo y lleno de aristas como Langley y explicar su enajenación.

La novela podíamos decir que trata del aislamiento voluntario, existiendo incluso en medicina el llamado "Síndrome de Los Hermanos Collyer", que viene a ser una especie de síndrome de Diógenes, al que se le suma el aislamiento de la sociedad.

Cabría apuntar que Doctorow se toma algunas licencias y no hace una novelación de la historia muy fiel, ya que coloca a Homer como el menor y era  realmente el mayor de los dos hermanos y que aparte de quedarse ciego, era también paralítico: Homer Collyer (1881-1947) y Langley Collyer (1885-1947). Homer se hizo abogado y Langley ingeniero. También ha sido muy sutil con el final de la novela. El verdadero final es mucho más traumático, leer aquí.

En apenas 200 páginas es una obra que nos entretiene, nos cuenta una versión de una historia llamativa, nos lleva a la intimidad de dos seres aislados, y nos ilustra sobre la sociedad de los años de la Ley Seca en EE.UU.

Algunas joyas de la novela:
Los poemas contienen ideas. Las ideas de los poemas proceden de emociones y las emociones se transmiten en imágenes. Gracias a eso los poemas son más interesantes que las novelas. Que sólo son historias”.

P.D: No sé si ha sido cuestión de la versión digital que he adquirido, pero me encontrado alguna redundancia y alguna que otra errata.

Crítica: Francisco Concepción


01 abril, 2015

Critica de "La nieta del señor Linh" de Philippe Claudel

nieta, linh, libro, literatura, philippe, claudel,
Título: La nieta del señor Linh
Autor: Philippe Claudel
Ediciones Salamandra
ISBN: 978-84-9838-515-1
4ª Edición, febrero 2015
pvp: 6 € en Agapea

¿Quién dijo que hay que ser rebuscado en recursos lingüísticos para escribir una gran novela? Hay quien para describirnos una imagen busca palabras complicadas para presumir de culto, o recarga de adjetivos la escritura y de símiles los escenarios. Pues les voy a decir algo: no hace falta, no. Voy a hacer una prueba. Voy a abrir el libro por donde primero cuadre y voy a leer la página y os pondré algo. Ya está, página 88 (bonito número). A ver… Aquí está:

“El anciano se siente raro. Detrás de la puerta de la habitación hay un espejo grande. Se mira y ve una marioneta con un largo vestido azul. La marioneta parece perdida dentro del vestido, cuyas mangas le ocultan las manos. Su cara es infinitamente triste.”

¡Vaya párrafo! Yo me imagino a Philippe terminando de escribir este párrafo y diciendo et voilà! “La marioneta”, esa es la palabra, esa es la clave. Si leen el libro verán por qué lo digo: La marioneta. Sólo una palabra y cuántas cosas dice. Pues bien, el libro está lleno de aciertos como este. Con muy pocos recursos, Philippe nos cuenta en poco más de cien páginas una gran historia. Juega con los contrastes: el viejo señor Linh, flacucho, encogido y arrugado, siempre con esa niña en brazos, que se hace amigo de Bark, grandullón, robusto y parlanchín que no para de fumar. Se hacen amigos y no se entienden entre ellos, ninguno sabe lo que el otro dice y sin embargo los dos son capaces de sentirse en el otro. ¿No es grande? Sin embargo, en la casa de acogida sí que está rodeado de otros como él, pero entre ellos no hay comunicación. ¿No es genial? Y lo que más me impresionó, la niña. Hagan el ejercicio que hice yo. Lean el libro hasta el final y busquen luego la primera imagen, esa primera vez en el libro en que aparece la niña, cuando el viejo Linh la coge en brazos, vuelvan a leer la escena, en el capítulo 1. No cuento nada más. Sólo recordarlo me pone la carne de gallina.

Philippe Claudel
Autor de la nieta del señor Linh
(imagen extraída de google images)
Destacaría de La nieta del Señor Linh su estructura sin adornos, sus imágenes certeras, cómo se vale de eso Philippe para crear una atmósfera irrespirable mediante el uso de capítulos cortos y frases de pocas palabras. Esta escritura angustia por momentos al lector, en otros lo relaja, para luego hacernos reír y más tarde provocar que se nos encoja el corazón. Y todo esto, como decía al principio, en algo más de 100 páginas. 


Más que novela, esta fábula que nos trae Philippe Claudel, nos habla del desarraigo, de cómo se siente alguien en un país extraño, sin entender el idioma, cargando en sus brazos el dolor del pasado. Pero también de la esperanza, de cómo por muy grande que sea el lugar, por mucha gente que haya en el camino, siempre puede que encuentres a alguien tan solitario como tú, y que de sentimiento a sentimiento casi no hace falta que haya palabras. Que una expresión o una intensión transmite más que una hora de cháchara, y que el vínculo que se crea entonces es infinito: Amistad pura, generosa. De eso y de otras cosas más habla la nieta del señor Linh. Lo demás lo tendrás que buscar tú. Lee y busca. Encontrarás. 

Crítica: +Miguel Angel Brito 

01 marzo, 2015

Reseña "El balcón en invierno" de Luis Landero

Título: El balcón en invierno
Autor: Luis Landero
Tusquets ediciones
Septiembre 2014
ISBN: 978-84-8383-929-4
248 páginas
PVP: 16,35 €  leyenda
Antes de empezar a escribir sobre “El balcón en invierno” de Luis Landero quería hacerles una pregunta: ¿novela o ensayo? Lo hago porque a mí me ha quedado la duda.

Para empezar mientras se lo van pensando (porque quiero que me contesten) os cuento la sinopsis: un escritor se enfrenta a su última novela, intuye que le quedan pocas por escribir, siente el vértigo del final. Es un escritor vivido, que hace un ejercicio enorme para escribir un libro que huele a fracaso desde los primeros párrafos. No le convence lo que lee. Quiere escribir sobre la calle, sobre un jubilado, pero se encuentra en su despacho, sólo, tirando de ficción, “…junto al balcón, junto a la acacia, y al fondo la estampa inalterable del inmueble vecino…”, un paisaje inalterable. Se levanta y se asoma a ese balcón de siempre y conecta con un pasado de hace mucho, algo real, recuerdos de su adolescencia, de cuando tenía diecisiete y su madre treinta más y su padre que había muerto ya con cincuenta en mayo de ese mismo año. Se remonta así a un mes de septiembre de 1964. Recuerda este escritor vivido lo que un día vivió, y cuenta y recuenta lo que le pasó, y de cómo llega a escritor viniendo de una niñez en Alburquerque, en Extremadura, en una casa donde sólo había un libro (El calvario de una obrera olos mártires del amor, de León Montenegro), y de cómo llega a Madrid, al barrio de la Prosperidad, y se busca la vida como puede y la encuentra: encuentra lo que busca que es hacerse escritor. Ya se lo decían todos: ¡qué mentiroso es este niño!, su madre la primera, y yo digo ¿se puede ser más mentiroso que un escritor cuando escribe?

Pero creo, queridos lectores, que en esta novela LuisLandero miente poco precisamente, traiciona por una vez su juramento de mentir y decide contarnos lo que siente en ese momento, decirnos la verdad. Tira de recuerdos y oficio y nos ofrece una sucesión de anécdotas, chismes e historias que parecen un potpurrí inconexo, pero que van configurando con intención la historia y la lección de su vida que aprende a través de lo que bebe de las personas, que no personajes, (¿o también personajes?). Aprende del padre al que defrauda, y nunca se lo perdona, porque se queda con las ganas de poderle enseñar que era perfectamente capaz de hacerse un hombre de provecho, y lo hizo. Quizás fue la muerte de su progenitor el que sirvió de motor para su vida, no lo dudo. Aprendió de su primo Paco (el mejor personaje sin duda) que era poco de mucho y mucho de nada, y que soñaba más que vivía, como los que escribimos, que vivimos inventándonos las vidas. Aprendió mucho, mucho de todos los que conoció nuestro amigo Landero. Este balcón de invierno también es una ventana a la historia reciente de España, al abandono de los campos, a la conquista de la ciudad, a la búsqueda del porvenir, y también un canto a la nostalgia, a eso que tanto solemos decir de cualquier tiempo pasado fue mejor: es lo que nos queda, por eso volvemos allá cada cierto tiempo, a buscarnos.

Luis Landero, autor de El balcón en invierno
(imagen extraída de google images)
Y digo yo, ¿qué más les cuento del libro? Pues seguro que me quedan cosas que contar, para eso están ustedes. Sobre su manera de escribir poco les voy a decir. Es conocida su escritura poética, magistral, es el terreno que domina, sin embargo en esta ocasión hay un pero que achacar a este juego metaliterario de Landero: cae a veces en la trampa por querer escribirse a sí mismo y entra y sale el autor que a su vez es personaje. Y lo menos que me gustó: se regodea en esta ocasión en exceso, sufre a la vez que escribe, y quiere explicarse demasiado cayendo en repeticiones, adjetivos y descripciones que no aportan. Un par de ejemplos: “…tras las amplias y luminosas vitrinas acristaladas…” (¿cómo son las vitrinas, si no son acristaladas?), otra “..gente acostumbrada a otear los horizontes y las grandes distancias…” (si se hubiera decidido por una de las dos no hubiéramos echado de menos la otra). Está llena la novela y estos recursos enlentecen y desesperan al lector, pero se lo vamos a perdonar: es difícil y duro escribir sobre uno mismo,  a todos nos ha pasado, es como si nos comiéramos por los pies y eso duele mucho: visitar los cementerios, invocar a nuestros fantasmas.


Y vuelvo y les pregunto que no me he olvidado: ¿novela o ensayo? Yo me inclino por lo segundo. No hay más que leer su sentencia, “un grano de alegría, un mar de olvido” porque en nuestra vida "no hay nada más que contar".

Crítica: +Miguel Angel Brito