“La barca
deslizábase a lo largo de la Dehesa y pasaban rápidamente ante ella
las colinas areniscas, con las chozas de los guardas en su cumbre;
las espesas cortinas de matorrales, los grupos de pinos retorcidos,
de formas terroríficas, como manojos de miembros torturados. Los
viajeros, enardecidos por la velocidad, excitados por el peligro que
ofrecía la embarcación arrastrando una de sus bordas a ras del
lago, saludaban a gritos a las otras barcas que pasaban a los lejos y
extendían su mano para recibir el choque de las ondas conmovidas por
la rápida marcha”.
No vi la serie Cañas y barro.
Me acerqué a este libro
con curiosidad y temiendo encontrar algo trasnochado, una lectura
envejecida. Nada más lejos de la realidad.
Intentaré explicar por
qué.
SINOPSIS:
Tonet, el menor de la
familia Paloma, saga de barqueros de El Palmar, vuelve de la guerra
en Cuba y se reencuentra con Neleta, su antigua novia y amiga de la
infancia, que se ha casado con un viudo mayor, gordo y enfermo, el
hombre más rico del pueblo: el tío Cañamel. Tonet y Neleta
empiezan una relación clandestina vigilados de cerca por la
Samaruca, hermana de la difunta esposa de Cañamel, una mujer
amargada y rencorosa.
El marido de Neleta muere
y le deja su fortuna, siempre que nunca vuelva a unirse a otro
hombre. En tal caso, Neleta perdería toda la herencia.
Neleta y Tonet continúan
su relación a espaldas del pueblo, pero cuando Neleta se queda
embarazada deberán tomar una trágica decisión si quieren quedarse
con la herencia.
LOS PERSONAJES
El tío Paloma, el
mejor pescador de la Albufera, duro, fanfarrón, orgulloso.
“¿Cuándo se había
visto un Paloma con amo?”, “El tío Paloma, pálido de rabia al
oír a su hijo, miraba fijamente una percha caída a lo largo de la
pared, y las manos se le iban a ella para romperle la cabeza. Se la
hubiera roto de ocurrir la rebeldía en otros tiempos, pues se
consideraba con derecho después de tal atentado a su autoridad de
padre antiguo.”
El tío Toni, hijo
del tío Paloma, silencioso, disciplinado, trabajador, sufrido.
“Las mujeres de El
Palmar alababan no menos sus sanas costumbres. Ni locuras con los
jóvenes que se congregaban en la taberna, ni juegos con ciertos
perdidos(...). Siempre serio y pronto para el trabajo, Tono no daba a
su padre el menor disgusto”.
Tonet, el Cubano,
nieto e hijo de los Paloma, hedonista, holgazán, codicioso: un
dechado de virtudes que Blasco Ibáñez no intenta suavizar en ningún
momento.
“Pero en la voluntad de
Tonet nunca soplaba el mismo viento. La conmovían furiosas ráfagas
de actividad y reaparecía después la calma de una pereza dominadora
y absoluta”-.”
Neleta, la niña
pobre que se enamora de su compañero de juegos, quien la deja por
aburrimiento y la busca cuando ya no puede ser suya. Neleta cambia su
suerte al casarse con el rico Cañamel y no está dispuesta a
renunciar a cuanto tiene, cueste lo que cueste.
“(…) Un relámpago de
alegría pasó por sus ojos; pero de inmediato se entenebrecieron,
como si la razón reapareciese en ella y bajó la cabeza con gesto
huraño e inabordable.
—¡Vés-te’n,
vés-te’n! ´murmuró— ¿Es que vols perdre’m?”
El tío Cañamel: “Lo
que él tenía era la enfermedad del rico: sobra de dinero y exceso
de buena vida. No había más que verle la panza, la faz rubicunda,
los carrillos que casi ocultaban su naricilla redonda y sus ojos
ahogados por el oleaje de la grasa. (…). Y Cañamel avanzaba una
pierna dentro de la barca, penosamente, con débiles quejidos, sin
soltar a Neleta, mientras refunfuñaba contra las gentes que se
burlaban de su salud”.
Sangonera, el
borracho: “No, Tonet; él no podía trabajar; él no trabajaría
aunque le obligasen. El trabajo era obra del Diablo: una
desobediencia a Dios; el más grave de los pecados…”)
El pare Miqel:
“Decíase que lo habían enviado allí de castigo, pero él
parecía tomar su desgracia muy a gusto. Cazador infatigable, apenas terminaba su misa se calzaba las alpargatas de esparto,
encasquetábase la gorra de piel, y seguido por su perro, metíase
Dehesa adentro o hacía correr su barquito por entre los espesos
carrizales para tirar a las pollas de agua”.
Su moral era sencilla:
residía en el estómago. Cuando los penitentes excusaban sus